03Hotel Villa Beatrice

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Itinerarios y Excursiones

Dorsoduro y la Venecia menos

Después del desayuno, tome la línea que une Alberoni con el centro de la ciudad, que sale desde la parada de Piazzale Alberoni. Para información y horarios, visite el sitio www.terminalfusina.it. Durante la navegación (30 min. aprox.) pueden admirarse algunas de las islas más bonitas de la laguna: Poveglia, San Clemente, le Grazie. La lancha entra en la dársena de San Marcos por su puerta principal: entre la isla de la Giudecca, con su famosa Locanda Cipriani, y la fúlgida isla de San Jorge, con su magnífica iglesia, obra de Palladio.

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La Plaza de San Marcos y el Palacio Ducal aparecen ante el visitante como por arte de magia para darle la bienvenida a la ciudad. La lancha deja al viajero en el embarcadero de Zattere, a la altura de la iglesia de los Gesuati, en el elegante sestiere de Dorsoduro, uno de los seis distritos en que está dividida la isla principal.

Allí empieza un paseo que permitirá al visitante descubrir una infinidad de deliciosos rincones poco conocidos y por ende poco frecuentados por los turistas. Al bajar de la lancha, coger a mano izquierda y continuar, bordeando el canal de la Giudecca, hasta llegar a San Basilio; allí, torcer a la derecha, hasta la iglesia de San Sebastiano, con sus hermosos lienzos de Veronés. El paseo continúa con la iglesia del Angelo Raffaele y, a continuación, con la pequeña y recoleta iglesia de San Nicolò dei Mendicoli, la más antigua de toda la ciudad. A la vuelta, por la fondamenta del Soccorso, se llegará a la animadísima plaza de Campo Santa Margherita, con sus numerosos restaurantes típicos a base de pescado, sus pizzerías y algún que otro bar: lugares idóneos para el almuerzo y para dejarse atrapar por la magia de la ciudad.

Por la tarde, visita a los ciclos pictóricos de Tiepolo en la cercana Scuola Grande dei Carmini, y a la magnífica iglesia de los Carmini, con su famoso retablo de Lorenzo Lotto y otras muchas obras maestras del arte veneciano. Y para finalizar el día, nada mejor que un gianduiotto, el helado veneciano más típico, en una de las heladerías de Zattere, a la espera de que la lancha, con salida a las 17,00 horas, devuelva al visitante a Alberoni.

Pellestrina - Ca' Roman

Alquiláis una bicicleta y embarcala en el ferry para Santa Maria del Mare (Salidas cada 30 minutos desde Alberoni), el extremo norte de la isla de Pellestrina. Camino hacia el sur, la excursión nos llevará a San Pietro in Volta, aldea de pescadores cuyo nombre hiciera célebre el pintor del siglo XX Cagnaccio da San Pietro, que allí vivió durante cuarenta años; y posteriormente al núcleo principal de la isla, Pellestrina. Aquí, entre típicas embarcaciones de pesca y antiguas casas de colores, podremos contemplar la magnífica fachada de la Iglesia de Ognissanti, del siglo XVI. Un ambiente de lo más sugerente que nos retrotraerá en el tiempo hasta épocas remotas. Por supuesto, no debe desperdiciarse la ocasión para degustar algunos de los platos más típicos de la cocina veneciana en uno de los restaurantes cuyas terrazas asoman a la laguna.

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En la tarde, visita al oasis natural de Ca' Roman, uno de los biotopos costeros más significativos de todo el Mar Adriático por su variedad de pájaros y plantas mediterráneas. En el camino de vuelta, no dejen de contemplar la majestuosa defensa de escollos denominada "Murazzi", imponente rompeolas construido en la segunda mitad del siglo XVIII para defender Venecia y su laguna de la fuerza del mar. Antes de embarcar de nuevo en el ferry de vuelta a Alberoni, es muy aconsejable un último chapuzón a la luz de la puesta del sol.

El Lido Antiguo

Muchos son los testimonios históricos del Lido de Venecia que se han ido superponiendo a lo largo de los siglos, paralelamente a la evolución de la Serenísima República veneciana. Para descubrir los más antiguos, lo mejor será alquiler una bicicleta y aprovechar un largo y agradable paseo hasta el extremo norte de la isla. Se recorren así calles arboladas y paseos marítimos, a los que asoman incontables villas en estilo liberty, así como grandes y hermosos complejos hoteleros como el Excelsior y el Des Bains, aún hoy meta de la jet internacional. Llegaremos por fin a San Nicolò. Aquí se halla el sistema defensivo más antiguo de la Laguna de Venecia, el Castillo Nuevo del siglo XII, constituido por una muralla en cuyo interior se encuentran el antiguo cuartel de infantería de marina (los "Fanti da Mar") de la República Véneta (1591-95), el Palacio de los "Diez Sabios", el Fuerte Austriaco de 1850 y las baterías de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

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Aquí empieza el panorámico Lungolaguna, es decir la Riviera San Nicolò, y aquí se encuentra la iglesia benedictina del mismo nombre. La fachada actual, inacabada, y la torre barroca datan del siglo XVII; en el interior, valiosas pinturas de Palma el Joven y Palma el Viejo; a destacar, además, el Coro con sillería de madera y el Crucifijo, también de madera, del siglo XIV. Al lado de la iglesia encontramos el convento de los Benedictinos, fundado en 1043, con un bello claustro del siglo XVI. Al salir de la iglesia cogeremos a la izquierda la Via Cipro, que nos llevará al sugestivo y antiquísimo cementerio judío, la "Casa de los vivos " cuyas primeras noticias se remontan a 1386. Recientemente restaurado y nuevamente abierto al público, alberga las tumbas de importantes familias judías venecianas, así como antiguas lápidas de los siglos XVI al XVIII.

De nuevo a lomos de nuestras bicicletas, recorriendo el Lungolaguna llegaremos a Piazzale Santa María Elisabetta, al extremo oeste del Gran Viale, o paseo, del mismo nombre. Ha llegado el momento de hacer una pausa para una copa o algo de compras en sus elegantes tiendas.

Camino de vuelta, también vale la pena hacer un alto en Malamocco, antigua población de pescadores en la que un tiempo se celebraba la elección del dux. En Malamocco vivió, y en ella se inspiró, Hugo Pratt, autor de las inolvidables aventuras de Corto Maltese. En la plaza de la Iglesia de Santa Maria Assunta, las casas del siglo XV, con sus característicos ajimeces, y el Palacio Pretorio dan vida a una atmósfera marinera de otros tiempos. Un último esfuerzo sobre nuestras monturas y ya estaremos de vuelta en el Hotel Villa Beatrice.

Chioggia

A bordo del autobús de la línea 11, que para en frente del hotel cada 30 minutos, nos embarcamos en el ferry a Pellestrina; llegamos a Ca' Roman y de allí, a bordo esta vez de una nave, a Chioggia, la pequeña joya de la laguna sur.

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Esta populosa y animada villa marinera de orígenes romanos, rebosante de historia en todos sus rincones, es uno de los centros artísticos más interesantes de toda la región; una pequeña Venecia repleta de iglesias y edificios monumentales, centro neurálgico de la pesca y la artesanía.

Lo mejor será realizar la visita un jueves, ya que ese día tiene lugar en la calle principal un variopinto rastrillo en el que el visitante podrá comprar todo tipo de mercancía y recuerdos de su estancia. Interesante, asimismo, es el Museo Cívico, que ilustra la vida y el folklore de Chioggia a través de los siglos. Y aparte de todo eso, ¡la cocina chioggiotta, con sus especialidades a base de pescado, no tiene desperdicio!